El sardo es una lengua viva, ¡larga vida al sardo!

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Me doy cuenta de que muchos de mis artículos nacen de algún encuentro con amigos y comida. Bueno, este no es ninguna excepción, inspirado por unas maravillosas horas pasadas con Lluís Guia Marín, profesor en la Universidad de Valencia, experto de historia sarda, viajero empedernido pero, sobre todo, gran amigo.

Sin duda, comimos mucho, y bien, es lo que tiene ir a un buen restaurante en tu ciudad y que la dueña tenga un trato especial para los buenos clientes. Claro, que la ciudad era la mía, pero el que estaba como en casa era él, que ya hace tiempo que visita Cagliari varias veces al año. Lo que ha cambiado respecto al pasado es lo bien que ahora habla italiano. Hemos charlado sobre muchas cosas, obviamente: la familia, el trabajo, los viajes, su nuevo libro y los idiomas. Estos dos temas van juntos, porque esta obra está escrita en catalán, y de allí salió nuestra conversación, que me hizo reflexionar, una vez más, sobre el sardo.

Algo que no me planteé nunca es cómo Lluís hubiera aprendido el catalán. Para mí, todos los que se criaron en una zona en la que se habla este idioma lo han estudiado junto con el castellano en la escuela; ni pensé que eso no era absolutamente así durante el franquismo (y a ver lo que va a pasar ahora, podríamos decir). No sé si él no lo estudió por esta razón, pero lo que sí sé, porque me lo dijo, es que nunca lo estudió, que ni siquiera lo hablaba en casa, porque sus padres no compartían este idioma. Cuando ya era mayor, empezó a practicarlo, luego a escribirlo y, después de que le corrigieran mucho, ya lo dominó, y ahora tiene el mismo nivel en castellano y en catalán. Él mismo dijo que ni siquiera se da cuenta de qué idioma habla con su familia, a veces castellano y a veces catalán, que lo hace sin pensarlo.

Hasta aquí, todo es muy parecido a mi experiencia; aunque suela hablar italiano, en casa también hablo sardo (no solo en casa, pero sobre todo ahí), y es raro que me pregunte en qué idioma responder, o qué idioma estoy hablando. Últimamente pasa más porque me planteo más dudas sobre los idiomas, pero no porque tenga dificultades para expresarme en uno y no en el otro; si eso pasa, cambio lengua sin que eso sea procesado concientemente por mi cerebro.

Pero algo me impactó de lo que dijo Lluís sobre el sardo: “se está perdiendo, si seguís así lo vais a perder”. Pues, tiene razón. Siempre ha habido debate sobre si enseñar o no el sardo y sobre qué variedad enseñar, porque hay muchas variedades, como se puede ver en este mapa. Antes, podía haber más problemas, porque solo una estaba codificada, y estudiarla habría supuesto para muchos, yo incluida, aprender un idioma extranjero como otro. Ahora, sin embargo, hay más reglamentación para todas las variedades, y se podría enseñar cada una en su propia zona de utilización.

En un artículo que encontré en Internet, se plantea la pregunta de por qué enseñar el sardo, y parece no haber un porqué, que se debería seguir así, aprendiéndolo en casa o en la calle, hasta que el sardo desaparezca, si así está escrito. Probablemente el sardo no tendrá gran utilidad a nivel internacional, pero tampoco es que la tengan el catalán, el gallego, el vasco u otras lenguas. Sin embargo, ¿es esa una razón para no enseñarlas? Diría que no. Sigo sin haber medido la altura de ningún monte con las fórmulas matemáticas que aprendí en mis años del instituto, pero me las tuve que aprender de todas formas. Gracias a Dios, hice como Sherlock Holmes, y las olvidé, porque “a man’s brain originally is like a little empty attic, and you have to stock it with such furniture as you choose. […] It is of the highest importance, therefore, not to have useless facts elbowing out the useful ones.”

Si siguiéramos ese principio de utilidad, muchas son las cosas que no me deberían haber enseñado en la escuela, y muchas otras las que no estaban incluidas en los programas y sí deberían haberlo estado. Algo está cambiando, y este mismo año se aprobaron leyes para difundir la enseñanza del sardo, y creo que es justo, porque algo es hablar un idioma, y otra cosa es de verdad conocerlo y difundirlo. Si el sardo, como otras lenguas, debe morir, que así sea; pero, que no muera porque la gente ha querido matarlo por vergüenza o pereza. Sobre todo, hasta que muera, que se aprenda correctamente, que se tenga la posibilidad de hablarlo bien.

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3 Comments

  1. muy interesante tu entrada Emma, me ha recordado a lo que está sucediendo con el aragonés, que ya solo se habla en algunos pueblecitos, y es por eso que están apareciendo pequeñas organizaciones que tratan de darlo a conocer y enseñarlo. Está teniendo muy buena acogida, pero claro, al estar casi en desuso, apenas se consigue darle una práctica realmente activa y diaria. Por los sardos que conozco, vosotros aún estáis a tiempo de “salvarlo”, sois muchos los que no sólo conocéis palabras sueltas, sino que poseéis conocimientos sobre vuestra lengua y lo usáis en menor o mayor medida. Adiosu ;)!

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    • Gracias, Nuria, por tu comentario. Tienes razón, en el caso de España, siempre se habla de los idiomas cooficiales, pero hay muchos más que no están protegidos. El aragonés es, sin duda, uno de estos, y creo que mucho nos habrá dejado a nosostros también, con tantos años de dominación de la Corona de Aragón en Cerdeña.
      Es una lástima que se pierdan porque son una gran riqueza, y vehiculan muchos más que palabras. Son la representación de una historia y unas tradiciones que acompañaron nuestras tierras y nuestros antepasados durante siglos.
      En Cerdeña, todas las variedades son habladas por la mayoría de las personas, y dudo que el riesgo de perderlas sea tan próximo, pero sigue presente. Lo que sí es bueno es que hay muchos cursos, y que las administraciones están empezando a utilizarlo, por ejemplo, publicando las informaciones y los boletines en ambos idiomas. Ya es algo, y algo que, a lo largo, puede llevar a una recuperación de esta utilización a un nivel más uniforme de difusión y utilización. Para mí no es una cuestión de patriotismo, es una cuestión cultural. Así como queremos que se hereden las recetas y las otras tradiciones de nuestra tierra, deberíamos defender nuestro idioma, que nos permite compartir todas esas tradiciones.
      Unu bàsidu!

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  1. I waffle, therefore I am… linguistically happy! « Une belle infidèle!

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